En España las comunidades autonomas no tienen competencias en materia aeroportuaria; pero a golpe de campañas de promoción turística si que consiguen que las aerolíneas de vuelos de bajo coste se implanten en ciertos lugares con el objetivo sobretodo de atraer viajeros fuera de las rutas habituales.
Esta situación lleva aparejadas paradojas, como la que se da en Asturias, que por un lado es de las comunidades que menos pagan por vuelos de bajo coste y por tanto es de la que menos tiene, pero por otro lado es la que más ahorra.
Asturias, con dos rutas, vuelos a Londres, con EasyJet, y a Barcelona, con Vueling- está lejos del resto de comunidades norteñas en cuanto a oferta de vuelos baratos -Galicia tiene 16 destinos en sus tres aeropuertos; País Vasco tiene 8, todos desde Bilbao, y Cantabria tiene 7, todos desde el aeropuerto de Santander y con Ryanair.
Asturias aporta menos de un millón de euros en promociones con EasyJet, Vueling, Air Nostrum y Air Berlín, muy poco comparado con los 16,20 millones de euros con los que Cantabria subvenciona desde 2008 a Ryanair, para que sea su base de operaciones en el Norte. Tras el de Parayas se encuentran los tres gallegos, a los que la Xunta y el Ayuntamiento coruñés dedican 7,6 millones para que operen Ryanair, Vueling, Air Nostrum y Air Berlín.
El listado de regiones que pagan caros sus vuelos baratos lo completan, entre otras, Valladolid, que a pesar de mover al mes cinco veces menos pasaje que Asturias ha pagado 15 millones a Ryanair; Ciudad Real, que hace lo propio con Vueling, a la que ha dado 2,36 millones para que opere en su aeropuerto privado, así como Reus y Girona, que entre ambas suman casi 28 millones para que Ryanair las haya convertido en terminales satélites de El Prat.


















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