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La actividad en los cuatro años de operaciones del aeropuerto de Huesca hace que se cuestione su viabilidad.
El número de usuarios no ha sido el esperado y las expectativas no se han cumplido. Se pasaron de los 1.300 viajeros del primer año a los 6.300 del 2010, año en que las pérdidas superaron los cuatro millones de euros.
Si la situación era ya complicada, esta semana le han dado la puntilla. La compañía aérea Pyrenair, el operador mayoritario del aeropuerto oscense, anunciaba la cancelación de todos sus vuelos previstos para esta campaña por falta de liquidez. Esto, sumado al cierre de la escuela de pilotos «Top Fly», deja al areódromo con una única conexión semanal de vuelos a Londres. Una línea subvencionada por el Gobierno de Aragón para atraer esquiadores al Pirineo y que genera más pérdidas que beneficios.
A pesar del descenso drástico de la actividad, desde Aena aseguran que el aeropuerto de Huesca seguirá funcionando, a la espera de que cualquier empresa decida instalarse allí. Se mantendrán, por tanto, los puestos de trabajo y se garantiza también el completo mantenimiento de la infraestructura.
Visto lo que ha pasado con el aeropuerto de Huesca, los interrogantes se abren ahora en torno al aeródromo turolense de Caudé. Una infraestructura que gestionará el Gobierno de Aragón, tras el acuerdo de cesión por parte del Estado. El martes se volverá a licitar su explotación, después de que la primera vez ninguna empresa se interesara por la oferta.
Es por eso y por la fuerte inversión pública que conlleva —el Gobierno de Aragón ha invertido 40 millones de euros en él— que muchos se hayan replanteado su viabilidad.

















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